“Stop the clocks”
Bien, qué ilusión, otra vez navidad, estoy eufórica, hasta me chirrían los dientes y se me oxida la sonrisa. Quién me imaginé que estaría no está, quién nunca pensé encontrar y a quién encontré, ese mismo, está en su vida, no en la mía. Me duele la espalda, que no el alma, de eso dejé de padecer hace algún tiempo. Es más jodido encontrar un médico especialista para eso. En fin, otro día más, otro año más, no en vano, ni excelente, pero distinto a como solían ser los anteriores, discrepo de quien me dice que he madurado, porque no lo he hecho, no me he caido del árbol, únicamente he tropezado con sus raíces. Me he mordido las uñas toda la santa tarde, intentaba estudiar, y ahí estaba yo con mi descarga hiperactiva en las manos, horrible pero no tanto. Hay cosas peores que tener las uñas cortas. Como la mente, que la tengo tremendamente larga. Y tortuosa. Decía que este año es distinto, digo es porque aun le quedan días, y no me gusta eso de hacer balance aunque ya lo haya pensado. Distintos todos los han sido, pero este ha sido indescriptible, ha sido mi vida en un sismógrafo, con varias sacudidas fuertes y otras más llevaderas. Cambios y más cambios, y más frustraciones, y más planes, y más intentos, y más fracasos, más realidad en cualquier caso. Sobredosis de vida real en vena. De Melissa P. a Bukowski sólo han ido 10 meses, sólo una loca como yo lee a Nietzsche y un manual de meteorología a la vez, mientras intenta hacerse “straight” y no beber, cosa que nadie de mi alrededor parece querer comprender. Vale, seguimos por el camino de baldosas, pongamos… azules para que no me acusen de plagio, sigo teniendo prioridades y sigo siendo igual de débil cuando busco lo que no debería buscar, jodida curiosidad, odio los gatos. El pelo me ha crecido demasiado rápido, este año se me ha pasado demasiado rápido y no he podido arreglar mucho. He recorrido demasiados kilómetros por alguien que no está aquí, demasiado todo por alguien con quien aun me imagino. De-ma-sia-do. Que mucho cambio sí, pero la misma niñata de siempre. Con las mismas jodidas esperanzas y las mismas estúpidas fantasias. Bajadas de tensión que se dicen… Por dónde iba? ah, sí, fantasías y demás gilipolleces de enamorada frustrada, el hombre del tiempo no hizo demasiado bien el pronóstico que haría después de conocernos, así que una cicatriz más al costillar. Hasta que pueda volver a decidir, tengo mi vida en pausa. No soporto echarte de menos, mientras pienso en auroras boreales para mí sola. Dejé de buscar cuando te encontré, paré el reloj cuando dejé de excavar en el fondo de mi músculo latente en busca de la respuesta más difícil a la pregunta más simple.
Podrían regalarme un reloj nuevo, o un marcapasos.