“e non fagades ende al…”
pretendía acostarme temprano… crédula de mí. lo intenté todo… leí, escuché música, hice sombras con la linterna en la pared… supongo que con el insomnio no se nace, si no que viene a ti y se instala contigo sin tu permiso.
he intentado aprender la lección, parece que todo está en orden, pero sólo lo parece, porque en mi caja de pandora solo quedan los muebles de los anteriores inquilinos, y mientras, yo buscando un refugio o un atisbo de claridad, que me sirva para saber en donde está el borde y si estoy demasiado cerca de las vías del tren.
este año he pasado algunos exámenes, unos con muy buenas notas, quizás los que menos me importen, pero me he dejado lo peor para el final… y aun no se si aprobaré, tu/mi exámen definitivo, para acabar con todo lo que no esperaba acabar y que en su día no debí empezar.
bucles, botones, bodas, bombas, batidos, boas, bandidos… de todo ello me quedo con el primero que sepa deshacerme los esporádicos rizos que salen en el pelo. puestos a pedir, pongo y reniego de que no dispongo, del presupuesto para pagar el precio que pueda tener semejante extraño, que se involucre en mi inestable vida, para hacerle compañía a mi insomne persona.
y ahora escribo, mientras retuerzo uno de esos rizos que no has venido a desrizar…
“Cierto caballero andante promete, engaña y se resiente, esperando las equivocadas respuestas, puesto que no conoce a la dama inteligente contra la que debate, curtida en viejas luchas, contra adversarios de dos caras y espadas de doble filo. Siniestra es la inquisición que le espera, al destierro vil del fondo del océano, a mil metros sobre el nivel del mar, en su palacio y con su flamante carruaje carmesí. Ya eligió su destino, por azarosa fortuna, su menester no es secreto, pues repite y no cesa de repetir, que no es apuesto, que no es dichoso, que vivir así es una eterna lucha entre los deseos de su corazón y su cartera. La dama, no desea más inciertos encuentros, no necesita de una limpieza de sangre para perpetuar su presencia en semejante pretendiente, sintiéndolo, ya no es de su interés y a su pesar, enmarcado queda el rostro que una vez se deseó en la memoria de todo perdedor. Despierta está desde que amaneció con niebla aquella mañana, estática, se mantiene firme en su lógica de no regalar como hacen otras cortesanas sus emociones o sus intenciones. Que dicen que ya nada es lo que fue, pero aun así, todas las mañanas amanece por el mismo oriente y no siempre cubren los mismos colores el firmamento. Así pues, que el apesadumbrado caballero espere su turno, con sigilo y sabia crítica de sus tan mencionados males, que no son tales, pues su elección fue y su elección será, la dama inquieta no esperará más.”