nada más, hasta aquí llegarás, sin desvanecerte sin humillarte más, en mitad de la nada o donde quiera que estes, sólo recuerdo palabras, imágenes inventadas por un cerebro cruel acompañado de un corazón en carne viva.
nada más, que decir, que explicar, que justificar, el cansancio me puede, se magnifica ante mí y sólo veo niebla, tu cada vez más lejos, más de lo que ya estabas.
nada más, las culpas, todas las culpas… se me resbalan entre los dedos, como el tiempo en un reloj de arena en un compartimento estanco. todo se acaba parando, antes o después. los gobiernos caen, las mareas suben, los vasos sanguíneos se dilatan, las pupilas quiebran. y un yo es lo más insignificante del mundo.
nada más, se que decirte, nada más, de lo que ya he dicho, de cuánto duele esa nada, de cuánto me cuesta creer que algo pueda cambiar, he desactivado varias funciones de mi vida, porque ya no se usarlas, un enemigo invisible las ha exterminado, las supervivientes han ido a un campo de concentración, no lejos de aquí, bordeado por ríos de tinta, disuelta en la más dulce representación humana del dolor.
nada más, qué pensarás mañana? y pasado? ya vendí mi sinceridad al por mayor, sin obtener nada, me regalé, te regalé, te vendí a tí también, pero eras más valioso, me pagaron con moneda extranjera, de paises donde hace sol de noche, donde me querías llevar, donde nunca jamás iremos.
nada más, que un paseo por las antípodas, a donde soy incapaz de llegar sola, porque puedo subir montañas, puedo conducir por la ciudad a las 4 de la mañana, puedo imaginarme y ver películas de hace 50 años, puedo escuchar todas las canciones que se me cuelan en el cerebro cada noche, puedo hacerlo todo sola, pero soy incapaz de mantenerte cerca.
nada más, todo vuelve a empezar y acabar del mismo modo que siempre, en el rincón cobarde, en la más absoluta desidia emocional, despierta, en coma, drogada, rozando la mediocridad en cada línea, en cada disparo, en cada inyección de realidad, repitiendo una y otra vez el sonido de la espina de un pez rompiéndose, estallando como estallan las revoluciones.
nada más, mientras el cuervo susurra nunca jamás, contradiciéndome y espiándome, desde las piedras que nievan, mientras su reina alcanza las costas de Finlandia, arrastrando consigo las nubes y el frío, arrastrándome a mí.
nada más.