matando el día
asesinándolo de mil formas, con trabajos forzosos que no aportan nada, es el día a día que se elige en un mal día. estas operaciones deberían llevar un tiempo, de proceso, de balance, de intentar buscar una salida profesional/personal y saber que cojones pretendes hacer con tu vida. pero no hay tiempo que perder, y parece que siempre nos quedamos con el primer tren que pasa, no vaya a ser que no pase ninguno más. a veces lo más seguro sería arrojarse a las vías.
aunque sólo nos arrojamos cuando sentimos miedo, verdadero pánico ante lo que puede pasar, lo que esperamos que pase y nunca sucede. desesperación y pánico. combinación ganadora para el caos y la ira, contra algo, que siempre es alguien, y casi siempre nosotros mismos. vaciamos el cargador y luego preguntamos. pero no hay suficientes donantes de corazón en el mundo.
me pasaría horas escuchándote, silenciosa, observadora de todo y de lo que no se ve, cualquier día de la semana, hasta los que nunca existieron, leyéndote, con los ojos abiertos, entre las líneas de tus manos, empezando por el final, para no dejar que se me escape nada del principio. eres un libro abierto y yo una metáfora que podría esconderse en cualquier página.